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EL JUANE, EL RIO Y SAN JUAN:
Tres factores y una creación verdadera
En Tarapoto todo es motivo de celebración pero hay tres fiestas mayores: la chonteada, la juaneada y la masajeada.
La de mayor trascendencia es la juaneada el 24 de junio.
En Europa celebran en esa fecha el solsticio de verano que prolonga el brillo solar y por lo tanto es el día de los fuegos de San Juan.
De modo diferente, en Tarapoto, el día de San Juan es el día del río, porque en la antigüedad, era guía en el andar para descubrir misterios, vía de transporte, reposo de curanderos que vivían en bufeos colorados, agua dulce para la sed y paño fresco contra el castigo del sol. En la selva el sol daña y el río es el benefactor. A diferencia de la sierra donde temen al río y la gente busca el sol para mitigar su frío; por eso cuando los selváticos llevaron la celebración del río a los andes, en la gran confederación chanca se transformó en fiesta del sol o Inti Raymi
Hace más de 20,000 años el hombre selvático desconociendo la cerámica obtenía el carantin asando plátanos verdes con cáscara, de allí envuelve alimentos con hojas verdes para cocinarlos. La hoja en candela se marchita o huana de cuya voz se deriva huane y juane, alimento del primitivo hombre ribereño.
Dominada la cerámica, el juane se cocina en ollas de barro para no perder el agradable aroma del bijao.
El arroz, especias y gallinas traídas por colonizadores españoles contribuye a crear variedad de juanes:
Los cocidos por exposición directa al fuego son nina juanes, que se hacen de pescado, paiche, pollo, callampas, chonta y suri.
Cuando los pescados eran pequeños los apiñaban en capas llamadas patas dentro del juane, obtieniendo la patarashca.
Los cocinados en ollas son el juane con presa de gallina y masa de arroz. Después se incluye abundante huevo batido y huevo duro a la masa, creando el juane huevo-huevo que pasó a llamarse avispa juane, porque hay avispas que construyen sus casas con forma de juane para guardar la infinidad de sus huevos.
Algunos agregan carne de cerdo molida para mayor exquisitez y así el juane se va recreando al compás de la historia
Por ser la vianda más apetecida y práctica en su preparación, traslado y servido se asocia con la fiesta del río y del mijano que se funde con la celebración cristiana de San Juan el 24 de junio formando la trilogía San Juan el río y el juane, que recogieron como herencia las generaciones actuales.
El desarrollo modifica el ciclo del agua, merma la pesca y reduce el mijano; pero la costumbre pervive como la juaneada en el río de San Juan.
Al amanecer del 24 de junio, San Juan Bautista, desde el cielo hace descender la temperatura, envía su frío, neblina y sereno bendiciendo la selva y las aguas de todos los ríos amazónicos. La yacumama y el chullachaqui, se tornan generosos entregando el mijano para la pesca y manadas de animales entran a los pueblos facilitando su caza.
De madrugada abren la puerta que nos introduce al conocimiento del futuro y a las dimensiones mágicas de la realidad. Los tesoros enterrados arden, el Diablo permanece atado. Todas las fuentes de agua quedan bendecidas y hay que darse un baño venciendo el frío para limpiar el cuerpo y el espíritu, quitar las enfermedades, el pecado y la mala suerte, captar energías de Dios, ahuyentar el susto, el mal de ojo, la amada del difunto y quedar inmune al daño de la gente; y finalmente ser transformados en señores de la selva y del mundo.
Para que esto permanezca viene el festejo del río durante el día, tomando el masato, bailando, dándose un refrescante baño y disfrutando la vianda creada por primitivos habitantes de la zona.
El día anterior para preparar juanes la vida cambia, se abarrota el mercado.
Se consume 30 toneladas de arroz, 20,000 huevos, 10,000 gallinas de corral de pequeños criadores rurales, 5,000 gallinas de granja y se usan 60,000 hojas de bijao, cambiando por esos días el movimiento y la distribución económica.
El día de San Juan la ciudad queda vacía porque la gente se vuelca a los recreos campestres y localidades de la ribera del Cumbaza …… Al pueblo de Maceda a orillas del río Mayo y al distrito de Shapaja en el Huallaga.
Los buses interprovinciales cambian su ruta para trasladar 80,000 pasajeros que pugnan por llegar a la fiesta. Se movilizan todas las generaciones, aunque no haya servicios de desague, ni vestidores, cada quien se ingenia soluciones, hasta llevan a cuestas su caja de cervezas para disfrutar en familia.
Son de rigor concentraciones en playas, el chapuzón en el río, los paseos en bote que dejan estelas espumantes en las crestas del oleaje y las carreras en motos acuáticas. No faltan la música y el baile en escenarios improvisados.
El mundo mágico se funde con la naturaleza y la tradición cristiana haciendo surgir un patrimonio cuyo potencial se desperdicia porque faltan servicios básicos en lugares donde bulle la celebración. No se toman las previsiones para que esta fiesta sea un producto turístico comercializable, cuya venta genere ingresos que se distribuyan con justicia.
Falta recuperar el ánimo selvático antiguo de tomar al río como guía porque sabe a donde va y de esa manera tomar la ruta del río de experiencias que tienen otros países como España. Ahí los fuegos de San Juan, concentra 2 millones de turistas; pero el gobierno lo declaró fiesta de interés turístico nacional y tienen un comité de celebraciones que terminada la fiesta sigue trabajando en preparar la celebración del año siguiente.
Hay lugares donde gobernantes se preocupan por gobernados como un padre, por sus hijos, mientras en Tarapoto prospera el negocio de mantener al pueblo huérfano.
Rogelio Reategui
revistaepoca@terra.com
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